03/05/2026

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16 de Junio de 1955. Bombardeo a Plaza de Mayo para derrocar a Perón: hubo más de 350 muertos y 2000 heridos

7 minutos de lectura

La Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea se sublevaban en el año 1955 contra el Gobierno constitucional de Juan Domingo Perón y bombardeaban la Plaza de Mayo, dejando caer sobre la población civil 14 toneladas de bombas que dejaron más de 350 muertos y 2.000 heridos.

El propósito del alzamiento era matar a Perón, pero se desató una masacre que marcó el inicio de la violencia política que envolvió al país hasta bien entrados los años setenta, y que quedó finalmente impune. Un año antes, el peronismo había triunfado en elecciones generales que se celebraron para elegir vicepresidente para cubrir la vacante que se había generado en el cargo tras la muerte de Hortensio Quijano.

En verdad, el Gobierno pretendía conseguir respaldo popular ante un frente opositor creciente compuesto por la Iglesia católica, la Sociedad Rural, y amplios sectores de las Fuerzas Armadas, principalmente la Marina.

El oficialismo se impuso con el 62,54% de los votos y quedó claro que Perón no podría ser derrotado en las urnas.

A pesar del contexto de crisis económica, el peronismo se había empeñado en mantener la distribución del ingreso beneficiosa para los asalariados.

Los trabajadores conservaban un 53% de participación en el PBI, una cifra única en la historia de América latina, y esto hacía que los sectores empresarios sumaran sus voces al descontento ante el rol protagónico que jugaba la CGT en la economía nacional.

Como parte de un creciente enfrentamiento con la Iglesia, el Gobierno había impulsado en 1954 una ley de divorcio, y unos meses después se suprimió la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.

Convención Constituyente

El 20 de mayo de 1955, se convocó a una Convención Constituyente con el propósito de declarar un Estado laico, y esa puja con el sector eclesial les dio a los militares golpistas la excusa para poner en marcha la conjura.

En abril del 55, unos 200 mil católicos se movilizaron a Plaza Mayo en el marco de la celebración de Corpus Christi, un hecho político que entusiasmó a los golpistas y convenció hasta el más indeciso de que se podía derrocar al “tirano”.

Durante la concentración, un grupo, que jamás resultó identificado, quemó una bandera argentina, y el Gobierno decidió que la insignia patria fuese “desagraviada” con una parada militar en Plaza de Mayo, el día 16 de junio.

En aquel jueves nublado y frío, una multitud contemplaba el desfile militar cuando a las 12.40, el cielo se ensombreció ante la presencia de 40 aviones de la Aviación naval y de la Fuerza Aérea que comenzaron a dejar caer bombas sobre la repleta Plaza de Mayo y la Casa Rosada.

Los aparatos llevaban dibujados en su fuselaje la insignia “Cristo Vence”, y en la primera de sus oleadas, una de las bombas impactó de lleno contra un trolebús repleto de pasajeros.

Los aparatos llevaban dibujados en su fuselaje la insignia “Cristo Vence”, y en la primera de sus oleadas, una de las bombas impactó de lleno contra un trolebús repleto de pasajeros.

Perón se refugió en los subsuelos del edificio Libertador y consiguió de esta forma salvar su vida, mientras, en las calles, la CGT movilizaba columnas a la Plaza y los sediciosos realizaban tres oleadas más de bombardeos.

El bombardeo cesó a las 17.40 y los atacantes huyeron a Uruguay, donde fueron recibidos por el presidente Luis Batlle, que les concedió asilo político.

La V con la Cruz del «Cristo Vence», que los aviones llevaban como leyenda pintada a mano, durante el bombardeo de Plaza de Mayo, en el golpe de estado que derrocó a Perón en 1955.
Hallazgo realizado en un antiguo basural de Mina Clavero.

Las tropas del Ejército que permanecían leales a Perón sofocaron el levantamiento por la tarde, cercando a los alzados en el Ministerio de Marina, que se rindieron, lo que implicó el fracaso del golpe.

En la noche, Perón pronunció un discurso pacificador, e instruyó la formación de un consejo de guerra para los golpistas.

Entre los acusados figuraba un joven teniente de navío: Eduardo Emilio Massera, que integraría en 1976, en calidad de almirante, la junta militar que perpetró el genocidio.

Manifestantes enardecidos quemaban la Catedral y diez iglesias más de Buenos Aires, y durante años, los opositores al peronismo condenarán esta reacción como algo peor incluso que el bombardeo a la población civil.

En agosto, el consejo de guerra declaró culpables a los principales cabecillas de la rebelión, pero el Gobierno no pudo sofocar el clima insurreccional dentro de la Fuerzas Armadas.

Finalmente, el 16 de septiembre, los golpistas se imponían tras días de enfrentamientos y Perón partía a un exilio que se prolongó hasta 1955.

El recuerdo de aquella sangrienta jornada del 16 de Junio de 1955 permanecerá vivo para siempre en las conciencia del pueblo peronista.

“Revolución Libertadora”

La autodenominada Revolución Libertadora tomó el poder; proscribió al peronismo y comenzó a ejercer una dura represión hacia los trabajadores, que alcanzó su clímax durante los fusilamientos de 1956.

En el plano económico, los militares devaluaron la moneda, favoreciendo los intereses de los agroexportadores y suscribieron por primera vez un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Generales Rojas y Lonardi

El recuerdo de aquella sangrienta jornada permanecerá vivo en las conciencia del pueblo peronista.

16 DE JUNIO: ATAQUE A LA POBLACIÓN CIVIL – BRUTAL BOMBARDEO A PLAZA DE MAYO

La manifestación de Corpus Christi del 11 de junio de 1955, integrada también por militantes antiperonistas, constituye la antesala del golpe contra el Gobierno constitucional de Perón. En los días siguientes se completa la trama conspirativa para bombardear la Casa de Gobierno, a cargo de la Aviación Naval, con el fin de asesinar a Perón y ocuparla con una fuerza de choque de la Infantería de Marina.

El bombardeo se inicia el mediodía del 16 de junio. La acción intensa se prolonga por varias horas dejando en la Plaza de Mayo un escenario dantesco. Decenas de civiles que concurrían a sus trabajos son destrozados por el fuego y las esquirlas. La CGT convoca a los Trabajadores a defender el Gobierno popular y después del mediodía cientos de personas llegan para ayudar a los caídos, algunos armados, otros con palos dispuestos a pelear. A las 15:30 hs de esa tarde aparece otra escuadrilla que lanzó una seguidilla de bombas y barrió la Avenida de Mayo con sus ametralladoras. El golpe fue sofocado, pero quedaron en la Plaza centenares de muertos y un millar de heridos.

Perón pide calma y no toma represalias con los responsables, con la intención de frenar una posible guerra civil. Poco después, en sus discursos de los días 5 y 15 de julio, convoca a la «pacificación» proclamándose Presidente de todos los argentinos, amigos o adversarios. Los opositores le contestan con discursos duros e intransigentes, rechazando todo intento de conciliación.

El 31 de agosto, J. W. Cooke, promoviendo la adhesión al acto convocado para ese día por la CGT, expresa en un mensaje radial: «La voz del Presidente no fue escuchada ni su mensaje respetado. Y el sacrificio que hicimos al contener nuestras ansias de salir, gritar la indignación y el dolor que nos provocaba la muerte impiadosa de los hermanos segados por la metralla, sólo ha servido para que núcleos reaccionarios, políticos superados por el tiempo y la historia y grupos añorantes de un pasado de explotación y coloniaje, se entregaran a la despreciable tarea de crear un clima de perturbación, conducente a destruir las conquistas populares logradas en diez años de lucha, esfuerzos y holocaustos…».

Después de asumir como interventor del partido, Cooke había diseñado un plan de movilizaciones y actos públicos. El Partido Peronista saldría otra vez a la calle. Pero los acontecimientos no le dieron tiempo suficiente para concretarlo. Las versiones de la inminencia del golpe se propagan rápidamente y el 16 de septiembre de 1955 se levanta en Córdoba el General Lonardi.

Dos días después, el destino del golpe es todavía incierto, pues algunos mandos permanecen leales, aunque la flota, bajo las órdenes de Isaac Rojas, después de cañonear Mar del Plata, se ubica frente a La Plata amenazando con bombardear la destilería de petróleo. Ante la amenaza de este bombardeo a bienes de la Nación, con los antecedentes de lo ocurrido el 16 de junio, el día 19 Perón reúne a una Junta de Generales y entrega la renuncia como Presidente de la Nación.

En los días posteriores son incesantes las manifestaciones obreras que son ametralladas desde vehículos blindados que recorren el centro de la Ciudad, donde se registran intensos combates callejeros.

El 23 de septiembre asume el General Eduardo Lonardi. Habla desde los balcones de Plaza de Mayo y, haciendo suya una frase de Urquiza, afirma que «no hay ni vencedores ni vencidos». Perón es derrocado por un golpe cívico militar que se denomina «Revolución Libertadora» y comienza su exilio que durará casi 18 años. (Fuente: SUTEBA)

El diario Clarín y su apoyo incondicional al golpe de estado perpetrado por Rojas y Lonardi
El Diario La Nación festejando en su tapa el triunfo del golpe de estado contra Perón.

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