Comentario de “Diario de un albañil”: Habitar su propia obra

Mario Castells, de profesión albañil pero de oficio escritor, traductor y poeta, lanzó su último libro Diario de un albañil junto Caballo Negro Editora con el apoyo de la Municipalidad de Córdoba.

Nacido en Rosario pero hijo de paraguayos, Castells trabajó desde los 14 en la construcción, lugar del que huyó varias veces, pero volvió cada vez que lo necesitó para ganarse la subsistencia. De la cultura paraguaya nunca pudo, ni quiso huir.

Esta serie de relatos cortos que funcionan perfectamente de manera individual no serían precisamente un diario porque no hay un orden temporal, pero sí cuentan con detalle lo que vive, siente y piensa –aunque suene muy pretencioso– un albañil promedio.

Lo importante no es cómo se hace una loza, se levanta una pared o se hace un encadenado, aunque también se habla de eso en el libro, sino toda la humanidad que se despliega en torno a la actividad, al esfuerzo físico, a la falta de horizonte, a las alegrías efímeras y el inevitable resentimiento de clase.

En Diario de un albañil, el autor habita su propia noficción y entrecruza historias que suceden en plena obra con relatos del hampa rosarino que le dan un marco. Todo eso tamizado con opiniones políticas que Castells no duda en pronunciar. Y suma otra complejidad al libro, cuando escribe en guaraní cada vez que le “pinta”. Si bien eso complica un poco la lectura para quienes desconocemos la lengua, también la musicaliza con elementos inesperados.

El diario también está atravesado por la difícil y siempre ambigua relación con su padre. “Mi papá fue el psicópata más copado que conocí”, dice Castells antes de comenzar el derrotero de anécdotas que lo unen y a su vez lo distancian de él. El vínculo entre ambos trasciende lo personal desde el minuto cero en el que el autor deja la escuela y se pone a trabajar como albañil para su propio padre que tiene una pequeña empresa de construcción.

A partir de allí, la relación tendrá chispazos hasta que un imponderable la apague del todo, al menos en el terreno de los hechos, aunque no será así en el de lo escrito.

Castells no imagina o ficcionaliza sobre el proletariado, sino que está –muy a su pesar– inmerso en él, y eso es lo más valorable del libro ya que rara vez los albañiles tienen tiempo para escribir sus experiencias y la suerte de ser editados. Él mismo lo asume en el libro con la siguiente frase: “Una cosa es el flash de escribir la pobreza y otra cosa es lo concreto de ser pobre”. Ambas dimensiones se reflejan en esta obra.

Diario de un albañil. Caballo Negro Editora. 126 páginas. Precio: $ 800.Read MoreLa Voz

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