Vanguardistas: mujeres indígenas se abren camino en la política regional

La rebelión social contra el sistema político de Chile, que estalló en Santiago en octubre de 2019 y culminó a mediados de mayo último con la elección de los convencionales que deben redactar una nueva Constitución para la república trasandina, puso en crisis al modelo chileno de representación fundado en los partidos tradicionales y sacó a la luz liderazgos populares alternativos.

Estos coinciden en sus propuestas de introducir cambios radicales en el tipo de organización nacional que instauró la dictadura militar de Augusto Pinochet, tras el derrocamiento y muerte del presidente democrático Salvador Allende, el 11 de setiembre de 1973.

Elisa Loncón es quizá el arquetipo que mejor sintetiza el fenómeno.

Nació en la comunidad mapuche Lefweluan (el lugar donde corren los guanacos, en idioma mapudungún), comprendida en la comuna de Traiguén, provincia de Malleco (corazón de la Araucanía), el 23 de enero de 1963.

Heredó de su madre (“dueña de casa” y amante de la poesía), y de su padre (artesano de la madera y autodidacta que aprendió a leer a los 17 años), el mandato de “priorizar la educación ante cualquier circunstancia”. También, el respeto por la construcción colectiva, la memoria histórica, el relato social y el sentido de la felicidad.

Las tardes de su infancia las destinó a las actividades escolares, y las mañanas, a la venta callejera de manzanas, membrillos, quesos y huevos que producía su familia.

Su bisabuelo (de apellido Loncomil) integró la hueste liderada por el lonco mapuche José Santo Quilapán quien combatió contra el Ejército chileno al mando de Cornelio Saavedra Rodríguez durante la ocupación de la Araucanía, a mediados del siglo XIX.

Loncón jamás militó de manera formal en ningún partido político, aunque se reconoce de izquierda, espacio donde también ubica a la “familia de luchadores” a la que pertenece.

Siempre recuerda la alegría que le provocó a su parientes el triunfo electoral de Unidad Popular en las elecciones del 4 de setiembre de 1970, que consagraron a Salvador Allende como presidente.

De los mil días de aquel gobierno del médico cirujano y dirigente socialista recuerda que sus padres recibieron una ayuda estatal con la que le compraron sus primeros zapatos de cuero. También, que cada niño en edad escolar recibía en esa época medio litro de leche en polvo por día.

Poner el cuerpo

Como activista social, a los 17 años formó parte de Ad Mapo, organización mapuche fundada en 1980, con mucha actividad territorial durante el régimen pinochetista. Luego participó en los acuerdos de la transición hacia la democracia en Chile e intervino en la redacción y promulgación de la Ley Indígena de 1993.

La “invasión alienígena” (como denominó la primera dama chilena al estallido social que detonó el aumento de la tarifa del sistema de transporte público de Santiago, el 6 de octubre de 2019) la tuvo poniendo el cuerpo en la primera línea de la marea humana que inundó las calles de la capital chilena y de las principales ciudades del país.

Les reconoce a los jóvenes que ese día organizaron los actos de evasión masiva de molinetes en el metro de Santiago la oportunidad histórica para “avanzar hacia un Chile distinto que respete la condición humana de la diversidad, valore a las mujeres y sus raíces ancestrales; todo lo que no ha hecho hasta ahora de manera institucional”.

La lingüista, con posgrados en el Instituto de Estudios Sociales de la Haya (Países Bajos) y en la Universidad de Regina (Canadá) es una de las 17 representantes de los pueblos originarios ante la convención de 155 constituyentes.

Desde el 4 de julio, la también magíster en Lingüística de la Universidad Nacional Autónoma de México y doctora en Humanidades de la Universidad de Leiden (Holanda) y de la Pontifica Universidad Católica de Chile, preside la Asamblea que deberá redactar la nueva Constitución Nacional en reemplazado de la vigente, aprobada el 8 de agosto de 1980 durante la última dictadura militar.

“Esta Convención que hoy me toca presidir transformará a Chile en un Chile plurinacional, intercultural; en un Chile que no atente contra los derechos de las mujeres y de las cuidadoras; en un Chile que cuide a la madre tierra, limpie las aguas y contra toda dominación”.

Elisa Loncón

Así resumió sus anhelos sin medias tintas el día de su designación.

Esperanza ecuatoriana

El 15 de mayo último, cuando Elisa Loncón era elegida convencional constituyente de Chile por el voto popular, la Asamblea Nacional del Ecuador consagraba a Esperanza Guadalupe Llori (58) como la primera mujer indígena en la historia de ese país en conducir el Poder Legislativo.

En las elecciones generales celebradas el 7 de febrero último, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik –brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, la mayor organización indígena ecuatoriana– logró 25 de los 137 escaños parlamentarios en disputa.

Llori ingresó en representación de la provincia de Orellana, donde nació en 1963 e inició su vida política en 2004, cuando ganó la alcaldía de Puerto Francisco de Orellana, la capital provincial, también conocida como El Coca.

Llori es abogada por la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, donde se destacó como dirigente estudiantil y defensora de los Derechos Humanos.

El 7 de diciembre de 2007, cuando ejercía la intendenta de su “pago chico”, organizó una huelga contra empresas petroleras multinacionales en la parroquia de Dayuma, en la región amazónica de Orellana. El gobierno de Rafael Correa (quien había asumido la presidencia del país el 15 de enero de ese año) la acusó de “terrorismo y sabotaje”.

Bajo esos cargos, fue destituida como prefecta y encarcelada. Estuvo en prisión hasta setiembre de 2008, cuando fue absuelta de los delitos que le imputaban.

En 2009 fue reelegida para el Ejecutivo Municipal y ratificó el triunfo en los comicios locales de 2014.

En su primer mensaje ante la Asamblea Legislativa que tomó juramento al presidente Guillermo Lazo Mendoza, Llori sostuvo que “izquierda y derecha” no son malas palabras.

“El verdadero peligro para la democracia radica en nociones nefastas y actitudes perversas como corrupción, impunidad, autoritarismo, discriminación, xenofobia y dogmatismo”.

Esperanza Guadalupe Llori

También, en “tratar de colonizar al que piensa diferente”.

La número tres en la línea de sucesión política del Ecuador prometió trabajar por “la cultura de reconciliación que se hizo evidente en un hecho inédito e histórico: que una mujer amazónica haya llegado a la presidencia del Parlamento diverso y pluralista del país”.

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