Habló el tío de Ramiro, el nene arrollado por un conductor que lo mató y huyó: Sólo pido justicia por él, era un angelito

Se llama Agustín Valdés y tiene 20 años. El fin de semana pasado salió a probar una moto y ahí nomás, su sobrino Ramiro le pidió acompañarlo. El tío accedió.

Eran pasadas las 23 en el límite entre barrio Villa 9 de Julio y Cerro Norte cuando Agustín intentó esquivar un pozo en calle Piedra Labrada y apareció, de acuerdo don los testimonios recogidos por la Justicia y las pericias llevadas a cabo en el lugar, un Renaul 12 sin luces que los atropelló.

El menor fue el más afectado por el impacto. El automovilista apenas se paró y luego huyó del lugar. Ramiro falleció a las pocas horas.

Su tío, Agustín no tiene consuelo. Sabe que quien los atropelló está detenido se llama Juan Cruz Tolosa y es un exconvicto condenado por un famoso asalto ocurrido en Córdoba en barrio Cerro Norte: el vecino que se defendió de los ladrones utilizando una catana de su propiedad provocándoles graves heridas.

Tolosa estaba en libertad pese a que fue condenado a cinco años y seis meses de cárcel pero se vio beneficiado por distintas medidas legales que le permitieron salir antes de prisión.

Agustín habló esta noche en Telenoche Doce: “Sólo pido justicia por Ramiro, era un un angelito, un ser que podía parecer un chico más grande pero era un niño, sin maldad”, agregó.

El joven evitó referirse al hecho en concreto: “No me siento en condiciones de hablar porque me vuelven las imágenes de esa noche y no puedo seguir”, dijo.

Sí confirmó a ese medio que el conductor del auto los atropelló, se paró unos segundos y al ver el cuadro de Ramiro gravemente herido se fue.

“Mi familia está pasando por un dolor muy grande. Ramiro era como un hijo para mí, iba conmigo a todos lados, me acompañaba donde fuera”, agregó.

Tolosa, tras las rejas

Hoy, a seis años y tres meses de aquel asalto que lo llevó tras las rejas, el joven que ahora tiene 26 años otra vez está en prisión.

Fue detenido el pasado fin de semana acusado de ser el conductor de un Renault 12 rojo que el pasado viernes 9 de este mes a la noche se fugó tras chocar con una moto entre Cerro Norte y Villa 9 de Julio, siniestro vial que se cobró la vida de Ramiro Paredes (12).

El siniestro vial se produjo minutos después de las 23.30 de aquel viernes, en calle Piedra Labrada al 8400, esquina San Pedro de Toyos, a sólo seis cuadras del domicilio donde ocurrió “el asalto de la catana”.

La reconstrucción judicial que llevó adelante el fiscal de feria Juan Pablo Klinger junto con policías de Accidentología Vial, de la Dirección General de Investigaciones Criminales de la Policía, indica que esa noche Ramiro estaba en la casa de sus abuelos, ya que había pedido quedarse a dormir.

En ese momento, llegó en moto un amigo de un tío del niño, Augusto Valdez (20), quien le prestó el rodado Honda Biz 110 para que salieran a dar una vuelta juntos por allí cerca. Valdez tomó el mando y Ramiro se sentó atrás.

Al toparse con varios baches en esa cuadra de Piedra Labrada, Valdez intentó esquivarlos, instante en el que se encontró de frente con el Renault 12 rojo. El trabajo de campo policial logró establecer que el vehículo iba sin luces, en medio de la noche, y que no se produjo un choque frontal, sino que un toque entre ambos hizo que los dos ocupantes de la moto cayeran al suelo.

Ramiro sufrió un fuerte traumatismo de cráneo que le costó la vida en el Hospital de Niños, en el que alcanzó a ser internado. Valdez fue asistido en el hospital Elpidio Torres y los médicos constataron que había sufrido diferentes lesiones, ninguna de gravedad.

Lejos de frenar para ayudar, quien manejaba el Renault 12 rojo nunca se detuvo y desapareció de allí. En medio del dolor, la familia de Ramiro, con su padre Héctor a la cabeza, comenzó a realizar diferentes manifestaciones para pedir que la Justicia encontrara al conductor prófugo.

A fines de la semana pasada, los investigadores lograron reunir diferentes pistas que apuntaban en dirección de Tolosa como principal sospechoso. Sin embargo, cuando fueron hasta su domicilio de Saldán, no encontraron el vehículo.

Las fuentes consultadas coinciden en que las versiones familiares fueron contradictorias (una venta, que ya no lo usaban y que lo habían prestado), por lo que el domingo el fiscal Klinger ordenó que quedara detenido e imputado por el delito de homicidio culposo agravado.

Entre otros indicios para devolverlo a la cárcel, el funcionario judicial observó que el joven no mostraba interés en colaborar con la investigación y que el auto hasta ahora no ha sido hallado.

A partir de este jueves, con el reinicio de la actividad normal en Tribunales 2 tras la feria de invierno, el expediente pasará a manos del fiscal Horacio Vázquez.

“Se movió muy bien la Policía, aunque esto sigue porque ahora hay que encontrar el auto”, señaló Héctor, el papá de Ramiro, al ser consultado sobre sus sensaciones tras esta detención.

Ramiro, mellizo de una niña, había empezado este año el colegio secundario, tras terminar el primario como abanderado. Junto con su hermana, escolta, son los más chicos de los cinco hermanos. Hoy, Héctor asegura que, si bien siente más alivio luego de conocer la detención del sospechoso, todavía no encuentra las palabras para definir la sensación que lo embarga desde aquella noche del pasado viernes 9.

La familia de Ramiro Paredes, de 12 años, reclama que aparezca el Renault 12 rojo implicado en el choque que le causó la muerte al niño en barrio Cerro Norte.

El domingo pasado fue arrestado el presunto automovilista. Entre sus antecedentes figuraba la condena por el intento de robo a un hombre que se defendió con una katana en 2015.

El detenido salió de la cárcel en 2018 después de acortar su pena de cinco años por terminar el secundario mientras se encontraba en Bouwer.

Además denunció al Estado por no haber recibido una correcta atención médica en relación a la prótesis que necesitaba en la mano por los cortes de la katana.

Después del arresto del domingo, la familia de Ramiro apunta a que se encuentre el auto que embistió a la moto en la que iban Ramiro y su tío.

“Estamos esperando que alguien diga si lo enterraron o si lo vendieron”, reclamó la madre del niño que era abanderado en su escuela.

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