Educación para la salud

La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) fue sancionada en 2006. Pero, una década y media después, aún no logra zanjar la resistencia de algunas personas adultas que insisten en un mundo signado por la sexualidad como tabú y no como derecho.

El desconocimiento, la ignorancia y una suerte de neoconservadurismo avanzan en la propagación de prejuicios que evidencian un preocupante desconocimiento de las realidades de millones de adolescentes.

El despertar sexual no puede negarse ni detenerse. Será tan abierto y permeable que es imposible trazar un camino establecido de cómo sucederá en la vida de cada persona. La ESI promueve que el azar y el placer no se conviertan en riesgo y que, por el contrario, la sexualidad también se entienda como una práctica de la que debemos hacernos responsables.

El tornado de opiniones que generó la licitación para la adquisición de penes de madera por el Ministerio de Salud fue una muestra más de que personas como Viviana Canosa y Luis Juez operan contra las banderas de libertad y plenitud de muchas y muchos adolescentes y pujan por sostener un modelo que tarde o temprano se condenará: el oscurantismo sobre la sexualidad, la represión de los cuerpos y el machismo recalcitrante envuelto en el tono de un chiste.

En los años 1990 tuve la suerte de asistir a un colegio que yo creía conservador, aunque fuera laico. Una profesora de Educación para la Salud fue la primera en hablarnos de sexualidad. Una de las clases más disruptivas que tuvimos fue la de colocar un preservativo en tubos de ensayo que pedíamos prestados al laboratorio de Química. Ese día supimos lo que era un “forro”, aprendimos a colocar el preservativo y tomamos conciencia de lo que era el sida.

Ninguna de nosotras tuvo un embarazo adolescente, ninguno de nosotros se enfermó de sífilis, ninguno de nosotros tuvo miedo de preguntar cómo hacíamos para que el preservativo no tuviera aire en la punta y se rompiera.

Las cifras de enfermedades por transmisión sexual explotaron en los últimos años. Se habla de un 51,1% de personas con sífilis en 2018 y los casos de clamidia se reproducen día a día. Una enfermedad silenciosa de la que poco se habla y que puede generar infertilidad.

La escuela es donde muchos niños, niñas y adolescentes encuentran un lugar para hablar y preguntar sobre sexo. Qué mejor que sea allí donde se reproduzcan sentidos para aprender a cuidar el propio cuerpo, disfrutar de la sexualidad con cuidados y sentir que la palabra sexo no está atada a lo oculto y que no es un saber tácito.

Iniciar una sexualidad informada no debería ser un privilegio. Si los penes de madera asegurarán que cualquier pibe o piba sepa colocar bien un preservativo, 10 mil son pocos. Pero, al menos, es un primer paso de que vamos avanzando.

* Escritora y periodista

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