Viaje al fin de los tiempos: “El pozo de los vestigios”, de Christian Ferrer

En El pozo de los vestigios, Christian Ferrer plantea –en 13 ensayos breves– su tesis sobre el paso del tiempo, o la historia, esa materia fluida e inasible que se desvanece cada vez que pretendemos apresarla. Como cuando sumergimos las manos en el arroyo y, en cuestión de milésimas, advertimos que el líquido de la vida se escurrió y solo quedan unos brillitos sueltos adheridos a nuestra piel.

En este caso, el remanente mineral es suficiente: Ferrer reúne con delicadeza esos rastros minúsculos y centelleantes para luego convertirlos en materia de pensamiento.

Como en sus libros anteriores –El entramado (2012), Camafeos (2013) o Los destructores de máquinas y otros ensayos (2015)–, Ferrer alumbra una pieza de lectura caleidoscópica –una criatura bella– que se va ensamblando a partir de una serie de textos que fueron escritos en distintos momentos y que remiten a situaciones y personajes olvidados, desconocidos o extraordinarios.

El texto que da nombre al libro contiene la clave de lectura: “¿qué perdurará?” o, dicho de otra forma, ¿cómo se organiza el recuerdo y el olvido en nuestras sociedades? Como señala el autor: “Todo presente está implícitamente en entredicho, lo que hoy nos parece importante no necesariamente es lo que el porvenir elegirá resguardar”. Y lo mismo sucede con aquello que nuestros antepasados creyeron eterno y que, a poco de andar, las generaciones venideras pasaron a desguace.

La pregunta por las formas posibles de la memoria esconde, en la espesura de un bosque bordado en filigrana, la figura de Héctor Schmucler, el intelectual argentino que se ocupó de pensar la relación que los hombres tejemos con el pasado.

Heredero de ese legado, Christian Ferrer sigue atento a la gota de cristal que discurre por los intersticios de un laberinto llamado memoria: una canica transparente capaz de avivar con su frágil sonido la llama que alguna vez encendió los corazones y que hoy duerme sin sueño entre las cenizas del olvido.

El futuro llegó

Como el péndulo del reloj, Ferrer va hacia adelante y hacia atrás, incesante, con el objetivo de desentrañar aquello que reconoce como la “mentalidad técnica” de una época. Al parecer, futuro y felicidad son los términos de una ecuación imposible, como líneas en paralelo que por más que se proyecten nunca van a tocarse. En un tiempo en el que se denuncian todo tipo de violencias, Ferrer se detiene en la violencia técnica ¿Qué es eso?

El imaginario tecnológico de la modernidad –que obliga a mirar en línea recta hacia adelante– adopta, en este análisis, la forma del espiral: siempre volvemos al comienzo de la edad industrial. Bajo la lluvia ácida de los productos nuevos que nacen viejos, el mantra luddita parece condenado a repetirse en sordina sin que nunca veamos cumplida la promesa de bienestar que auguró la era de la máquina: es decir, que el hombre pueda dedicar menos horas al trabajo y más al ocio y el descanso. “La actualidad es el osario del futuro anterior”, explica Ferrer al tiempo que apunta a ese monstruo de dos cabezas que asoma entre las chimeneas industriales y que, por un lado, se presenta como obsolescencia y, por otro, como fuerza destructiva en creciente expansión.

Y hay más: en la era de las pantallas hemos sido formateados como seres daltónicos. ¿Hay una visualidad obligatoria? Así como algunos escritores llegan con una mochila cargada de recetas, Ferrer peregrina por el mundo atento a las preguntas escondidas en el trino de las aves.

El Pájaro Dodo

“El último Pájaro Dodo fue visto en la isla Mauricio en el año 1662, 24 años después de la llegada de los holandeses. Ese fue el tiempo que les llevó exterminar a todos los ejemplares de esta ave de un metro de altura e incapaz de volar”. La mención de animales que, como éste, se extinguieron por causa del accionar humano pone de manifiesto nuestra apatía por el mundo: ¿por qué no nos importa que esas criaturas maravillosas hayan desaparecido para siempre de la faz de la tierra?

El objetivo de Ferrer no es la denuncia ni el efecto consternación: su propósito es desnudar los engranajes de algo que denomina “el mecanismo” y que no es otra cosa que el modo en el que, desde hace siglos, se desarrolla la vida humana. El mundo que hemos fabricado tiene la forma de una rueda que gira sin cesar, o de una cinta sin fin, capaz de procesar sueños y carne por igual.

Los atributos del trabajo moderno transformaron esta actividad vital en algo más cercano a la inmolación que a la dignidad. Bajo el influjo de los psicofármacos y las series on-demand, los humanos persiguen el holograma gigante de una zanahoria llamada “confort y comodidad”.

En la figura del animal enjaulado o en la excursión a un parque temático reverberan los sonidos –gorjeos y rugidos– de una vida salvaje que ya no volverá ¿Qué es el productivismo? ¿Cómo sería el hombre actual si su vida no se rigiera por las lógicas de la producción y el consumo? ¿Podríamos trabajar sin someternos a las exigencias de la rentabilidad y el látigo? ¿Por qué hoy parece imposible imaginar otra forma de vida?

El autor de La amargura metódica –esa monumental biografía de Ezequiel Martínez Estrada– se ocupa, entonces, de los problemas sin solución. ¿Cómo es que ya nunca volveremos a ver un pájaro dodo? Tendremos que conformarnos con una vieja fotografía en blanco y negro del último ejemplar embalsamado.

Ferrer busca entre los despojos del museo de Ámsterdam donde el plumífero momificado fue desechado y, una vez encontrado, lo posa amorosamente en el tablero del presente. Con ese gesto basta para interpelarnos sobre lo que hemos sido capaces de hacer los humanos con nuestro planeta.

En este libro, Christian Ferrer emprende un viaje al centro de la tierra y regresa a la superficie con una revelación: en el nombre de las cosas –el sonido divino– late el secreto de aquello desconocido que desde el inicio de todos los tiempos vuelve –suspendido en una gota de cristal– hasta nuestro presente, ya sea como epitafio o tabla de salvación.

El pozo de los vestigios. Christian Ferrer. Eduvim. 128 páginas. Precio: 1.050Read MoreLa Voz

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