Torres, el fascismo y la prensa JDF
5 minutos de lecturaEmpero, el suceso no fue obra del azar. En realidad, estuvo
moldeado y definido por una huelga obrera y popular.
Los periodistas, en esa línea, jugaron un rol protagónico en
este proceso.
CUARTELAZO
El domingo 4 de octubre, el periódico Hoy, con la nota “Rebelión
en La Paz” publicada en primera plana, alertó que la radio
castrense Batallón Colorados había comenzado a difundir comunicados
que daban por “derrocado” al régimen del general Alfredo Ovando
Candia.
La acción estaba, además, respaldada por una “carta abierta”
—firmada por los exmandatarios David Toro y Hugo Ballivián y 30
militares en retiro— que exigía el “relevo” del Presidente por
no ser “digno del cargo” y haber nacionalizado la Gulf Oil, hecho
que había generado “caos”, “división” y “desprestigio”
internacional.
El cuartelazo estaba dirigido por el comandante del Ejército,
Rogelio Miranda, y respaldado por el jefe del Colegio Militar, Hugo
Banzer Suárez, por los ministros de Gobierno, Juan Ayoroa, y de
Industria y Comercio, Edmundo Valencia; por el mayor Humberto Cayoja
y por el coronel Luis Arce Gómez.
AISLADO
El 4 de octubre fue una jornada de tensas negociaciones mediadas
por la Iglesia Católica. El lunes 5, se acordó realizar una
votación entre generales, coroneles y oficiales para definir la
situación. Por 317 votos contra 40, se determinó que Ovando y
Miranda renuncien a sus cargos. Pero, nadie acató la decisión.
En ese contexto, el martes 6 de octubre, los bandos de uniformados
protagonizaron una guerra de comunicados, mientras en los cuarteles
afilaban sus bayonetas.
El columnista Samuel Mendoza, en su texto Anarquía y caos,
subrayó que el general Miranda, confiado en el gran respaldo armado
que poseía, quedó aislado en el cuartel de Miraflores. Solo tuvo
“una acción externa de apoyo”: un comando de 10 “valerosos”
civiles armados “ocupó” radio Progreso para convocar a la
ciudadanía a “salir a las calles” y “salvar a Bolivia del
comunismo”. “Este grupo debería merecer una condecoración por
cierto”, destacó.
En su obra Prensa y país, el periodista Gonzalo Viscarra recordó
que todas las llamadas de los periodistas al Estado Mayor mirandista
“resultaron infructuosas”.
TRINCHERA
Simultáneamente, Ovando, en el dormitorio de la casa
presidencial, a las 6 de la mañana, decidió renunciar a la
presidencia, para evitar un derramamiento de sangre. Su dimisión fue
redactada y luego difundida por el periodista y ministro de
Educación, Mariano Baptista, ante un enjambre de trabajadores de la
información.
Minutos después, en el comedor, se entabló una conversación que
iba a definir el curso de la historia del país. Jorge Gallardo, en
su libro De Torres a Banzer, narró que fue él quien planteó al
general Juan José Torres “tomar el control” del cuartel de la
calle Sucre o la Base Aérea de El Alto para abrir una “trinchera
de combate contra los fascistas”.
Luego de analizar la situación, Torres aceptó el desafío. “Muy
bien, ¡iremos a El Alto a combatir! Veamos, ¿a quién más podemos
invitar para que nos acompañe?”, afirmó. La audaz determinación
no tenía respaldo social concreto.
DIFUSIÓN
Cuando llegó a la sede del Grupo Aéreo de Caza, Torres fue
recibido con simpatía. Luego de realizar una emotiva reunión con
oficiales y comandantes, la primera decisión que se adoptó fue que
“el general se comunicara por teléfono con radio Altiplano para
anunciar que asumía el poder provisional de la República”, contó
Gallardo.
Ese hecho mediático, de acuerdo con Mendoza, tuvo un gran impacto
y afianzó la victoria del “General del Pueblo”. Así, la
posesión de un triunvirato militar quedó condenada al fracaso.
Viscarra rememoró que la Base Aérea de El Alto se convirtió en
“el baluarte de los revolucionarios”, debido al “mayor flujo
noticioso que se generó allí”. Los periodistas se habían sumado
a ese proceso.
Fue en esas interrelaciones sociales que la conciencia política
de los trabajadores de la prensa dio otro salto.
BLOQUES
En medio de la lucha entre jefes castrenses, la Central Obrera
Boliviana entró en combate. El matutino Presenciainformó que, el 6
de octubre, en un “ampliado de emergencia”, los trabajadores
crearon el Comando Político de la Clase Trabajadora y decretaron un
paro nacional indefinido con bloqueo de caminos. La radical medida de
presión consolidó el proyecto de Torres, quien, el miércoles 7 de
octubre, juró como Presidente, ante miles de manifestantes que
demandaban medidas revolucionarias.
Brigadas de obreros y universitarios, de forma paralela, ocuparon
las instalaciones de El Diario, Hoy y Los Tiempos, acusados de ser
medios “antinacionales”.
En esa perspectiva, el periodista y sociólogo René Zavaleta, en
su texto El poder dual, explicó que la contradicción principal no
era entre Torres y Miranda. En realidad, la batalla fundamental fue
entre dos bloques históricos: el Ejército, reorganizado por el
Pentágono de los Estados Unidos, y la clase obrera, que anhelaba
forjar el socialismo. “Por eso se decía que Torres era el
resultado del empate entre el Ejército y la clase obrera”.
FASCISMO
Esa pugna principal reveló su antagonismo con una “masacre”
en Oruro, donde cerca de 30 personas murieron a bala y más de 100
quedaron heridas.
Según Presencia, el Comité Revolucionario de Oruro acusó a los
jefes de la Segunda División de disparar contra el pueblo en defensa
del “fascismo”. Empero, los aludidos emitieron otra versión:
ante el uso de “armas de fuego” y “dinamita”, a los soldados
no les quedó otra que responder; “(…) algunas radioemisoras, que
habían comenzado sus transmisiones azuzando al pueblo contra el
Ejército, empezaron a recapacitar al ver el excesivo número de
muertos y heridos”.
Después de ese episodio, la situación había quedado clara para
el movimiento obrero y popular. La lucha contra el Ejército, igual
que en 1952, se iba a definir de manera armada. Y esa fue la razón
para que, a lo largo de 10 meses, los trabajadores le exijan “armas”
al gobierno de Torres para acabar con el “fascismo”.
Miguel Pinto Parabá es periodista
Rebelion
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