⚖️ La Corte Suprema confirmó la condena a CFK / El lawfare al palo, con aval del poder real
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No es justicia, es disciplinamiento político. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ratificó la condena contra Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, dejando en claro que el poder judicial no es imparcial ni inocente: es parte del entramado de persecución contra los liderazgos populares en América Latina.
Con la firma de los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda, el fallo no sorprende: es la jugada final de un proceso de lawfare que lleva años en marcha. Una condena sin pruebas directas, basada en interpretaciones políticas, sin derecho pleno a la defensa y con cobertura mediática 24/7.
¿Cuál fue el delito? Gobernar. Y hacerlo en favor de las mayorías. Lo que se castiga no es la corrupción (tema que, por cierto, jamás fue probado), sino el haber encarnado un proyecto de país inclusivo, soberano y con justicia social.
Una Corte al servicio de las corporaciones
La misma Corte que duerme causas contra genocidas y empresarios amigos del poder económico, resuelve con celeridad cuando se trata de Cristina. Una Corte que no es votada por nadie, pero decide el destino político de millones.
Esta confirmación ocurre, además, en un clima de profunda descomposición institucional. Mientras el gobierno de Javier Milei destruye el Estado, entrega recursos naturales y empobrece al pueblo, el Poder Judicial actúa como garante del saqueo y verdugo de la democracia.
¿Y ahora qué?
Cristina, inhabilitada para ejercer cargos públicos, ya lo había anticipado: no será candidata. Pero su liderazgo político y simbólico sigue intacto, especialmente entre las juventudes, las mujeres organizadas y los sectores populares que no se resignan.
Lo que se abre ahora es un tiempo de definiciones: ¿vamos a aceptar que la política sea digitada por los tribunales? ¿O vamos a construir una nueva etapa de lucha y organización para recuperar la democracia real?
Este fallo busca cerrar un ciclo, pero quizás esté abriendo otro: el de una generación que no va a mirar para otro lado.
Porque, como dijo ella misma: «la historia la escriben los pueblos, no los jueces».
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