La UBA brilla en el QS 2025 / Educación pública en lo más alto del mundo
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En medio de ajustes, ataques y discursos que buscan desprestigiar lo público, la Universidad de Buenos Aires vuelve a demostrar que el conocimiento no se vende ni se rinde: según el ranking QS 2025, la UBA se ubica en el puesto 71 del mundo, consolidándose como la mejor universidad de América Latina y de habla hispana.
Sí, leíste bien: una universidad pública, gratuita y abierta, sin matrículas dolarizadas ni campus de lujo, logró meterse en el top mundial compitiendo con gigantes como Oxford, Harvard o el MIT. Y lo hizo desde Argentina, en plena crisis económica y con un presupuesto que no alcanza ni para arreglar los techos que se caen.
Este reconocimiento internacional llega en un momento crítico. El gobierno nacional continúa recortando fondos, ajustando salarios docentes, congelando becas y negando paritarias. A pesar de eso, la UBA sigue avanzando, investigando, enseñando y formando a miles de estudiantes que ven en ella una oportunidad real de futuro.
La noticia fue celebrada en redes con orgullo y emoción. En X (ex Twitter), muchos recordaron la masiva movilización del 23 de abril de 2024, cuando más de un millón de personas en todo el país salieron a defender las universidades públicas. En TikTok, estudiantes viralizaron videos desde aulas colapsadas, diciendo con ironía: “Acá estamos, top 100 mundial con los ventiladores del año 90”.
El ranking QS, uno de los más prestigiosos a nivel global, valora la reputación académica, la empleabilidad de sus graduados, la producción científica y la proyección internacional. Que la UBA aparezca en el puesto 71 significa mucho más que un número: es un cachetazo a la idea de que lo privado es sinónimo de calidad, y una confirmación de que la educación pública es, también, excelencia mundial.
Pero este logro no es casual ni mágico. Es el resultado del trabajo diario de docentes que cobran por debajo de la línea de pobreza, de investigadores que hacen ciencia con recursos mínimos, y de estudiantes que estudian, militan y resisten. Es también un reflejo de la lucha colectiva que desde hace décadas sostiene a la UBA como un faro de pensamiento crítico y compromiso social.
En un país donde algunos hablan de vouchers, aranceles y “privatización eficiente”, este reconocimiento internacional es una cachetada de realidad. Porque si la UBA llegó al puesto 71 del mundo con este nivel de ahogo presupuestario, ¿te imaginás lo que podría lograr si se la apoyara en serio?
La UBA no es un milagro. Es una conquista colectiva. Y hoy, más que nunca, es un símbolo de que lo público vale, sirve y brilla.
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