¿Porqué el rugby?

La sociedad entera está conmocionada por el asesinato a golpes de un jóven en la localidad de Villa Gesell a manos de diez rugbiers en la puerta de un boliche.
Las primeras pericias dan cuenta que los agresores, también jóvenes de 18 a 20 años, no habían consumido drogas y su ingesta de alcohol no había sido significativa. Hablamos de pura violencia, porque sí.
Entonces la discusión que nos debemos plantear es el porqué un grupo de jóvenes ataca con semejante saña a un par que ni siquiera conocen.

fernando baez sosa

Fernando Baez Sosa. El joven de 19 años brutalmente asesinado por la «patota» de rugbiers

El siguiente texto nos parece interesante para abrir el debate sobre diferentes aspectos que rodean al mundo del rugby:

Por Débora Tajer (*) @DeboraTajer
En los últimos días hubo mucha pregunta acerca de porque el rugby, que hay allí para que se produzca un asesinato entre adolescentes varones de vacaciones.
Muchos hablaron de la fuerza y roce corporal que hay en el deporte. Les voy a invitar a reflexionar sobre otro aspecto: que significa estar en el “mundo rugby” en Argentina. Significa pertenecer. ¿Pertenecer a qué? Al lado correcto de la vida. El lugar donde están aquellos a quienes le irá mejor. Es un deporte de elite. No de elite abstracta, de elite de cada lugar, de cada ciudad o de cada barrio. Y los modos de pertenencia a estos grupos están altamente ritualizados, como muchas cofradías o corporaciones de nuestra sociedad. Parte de ese ritual es el “aguante” de formas de violencia y crueldad, que quien las soporte, será bienvenido al grupo.
No estoy diciendo nada que sea oculto, esta todo a la luz del día. Pero son pequeñas violencias diarias que las familias y las sociedades invisibilizan y hacen la vista gorda, para con sus varones niños, adolescentes y jóvenes para que puedan ingresar y permanecer en “donde hay que estar”.
Pertenecer al lado correcto de la vida, implica que hay otres que no pertenecen. Por lo tanto, al mismo tiempo que se fomenta la camaradería y solidaridad en el grupo, se incorpora la idea de que quienes no pertenecen no “merecen” los mismos miramientos éticos.
Trabajando en colegios secundarios frente a la ola de denuncias de abusos y violencia de género y las respuestas autogestivas de defensa llamadas escraches, insistí en señalar que esos hechos son solo la punta del iceberg de un fenómeno mayor a nivel social: mujeres empoderadas que no quieren ingresar al “corset de género” y varones todavía subjetivados en la masculinidad hegemónica. Que no son malos ni enfermos, sino hijos sanos del patriarcado. Por lo tanto, son castigados porque ya no hay tolerancia social a sus “mocos” o “joditas”, aún cuando estas acciones son fruto de la impunidad que fueron aprendiendo desde la temprana infancia con los atributos que les fueron enseñados para pertenecer a la masculinidad social valiosa, que aún es una corporación.
Los sucesos de Villa Gesell nos muestran otra cara del mismo fenómeno. En este caso entre varones. Entre varones hegemónicos y varones subalternos. Los varones que están “del lado correcto de la vida” le aplicaron un “disciplinamiento” a quien se metió “donde no se tenía que meter”: un pibito hijo de familia de trabajadores migrantes viviendo en el barrio “rico” por su condición de encargados de edificio.
Todo en la escena de un lugar de vacaciones en el cual hay mezcla de pertenencias sociales que en sus lugares de origen no experimentan. Allí cada uno va al colegio y al club con sus “iguales”, en una sociedad cada vez mas segmentada por pertenencia de clase en sus procesos de socialización primaria.
Podemos rasgarnos las vestiduras, pedir penas altísimas por asesinato. Mas policía, justicia. Pero todo esto es llegar tarde. Hay que trabajar de manera preventiva y hacernos cargo que educar para la desigualación genera estas monstruosidades de las cuales debemos también hacernos cargo: la fabricación de machirulos, la fabricación de nuestros propios frankensteins.
Se los debemos a les pibes!!!

(*) Débora es doctora en Psicología, hace clínica, docencia e investigación. Se especializó en Ciencias Sociales y Salud y es profe de las cátedras Introducción a los Estudios de Género y Salud Pública/Salud Mental II en la UBA. Investiga las problemáticas específicas de género y salud en la adolescencia.
En Facebook: Débora Tajer Género

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