Educación: se acrecienta la brecha en los barrios populares

Por Matías Resano 

mresano@cronica.com.ar

 

En los barrios populares, villas de emergencia y sectores de bajos recursos, se profundizan la preocupación y la angustia de centenares de padres, cuyos hijos no acceden a las plataformas escolares virtuales, principalmente por falta de dispositivos o de Internet, carencias económicas que está pandemia también agudizó en el ámbito educativo.

La suspensión de las clases por el avance del coronavirus en el país implicó la abrupta modificación del ciclo lectivo. Las aulas les cedieron su protagonismo a las viviendas y a los dispositivos y aplicaciones electrónicos. A una semana del inicio, los estudiantes se vieron en la obligación de acceder a sus actividades escolares a través de plataformas y cuadernillos.

Sin embargo, esta metodología reflejó aún más las dificultades e impedimentos de quienes cuentan con recursos por demás limitados. En este sentido, Marta, referente de la Villa 31, señaló a Crónica que «lo triste es que se profundiza la desigualdad económica y cultural, porque muchos chicos no hacen sus tareas; lo digital siempre es costoso, apenas las familias llegan a solventar sus gastos«.

El testimonio de la mujer da cuenta de que muchas familias no disponen de computadoras o tablets, y es frecuente que haya sólo un teléfono celular en una vivienda. Fe de ello dio Carmen, quien reside en la Villa 1-11-14 y es madre de tres niños, al reconocer que «la tarea la hacen mis tres hijos en mi celular; me usan los datos, porque no tenemos WiFi». A

Al respecto, docentes consultados por este medio aseguraron que el 20% del curso asiste a la única clase semanal por Zoom y a los materiales de estudio, en las escuelas situadas en zonas populares. Éstos se obtienen a partir de blogs y classroom por medio de Google, en el cual están especificadas las actividades y los cronogramas, además de los cuadernillos, que en su gran mayoría son recibidos en forma simultánea con los alimentos de los comedores escolares.


 

Por esta razón, maestros y profesores reconocen que la continuidad pedagógica está garantizada muy parcialmente. Uno de ellos, Federico, detalló que «es parcial en quienes están en contacto con nosotros mediante Zoom y la resolución de los actividades. Con respecto al resto sabemos que tienen los materiales pero no podemos observar sus avances, retrocesos. No tienen una orientación docente». En referencia a ello, el hombre agregó que «nos es muy difícil que ellos respondan las actividades».

El 50% de los hogares de los barrios populares no tiene acceso al servicio de Internet vía WiFi, por lo tanto, los padres se enfrentan a un gran dilema, que oscila entre fotocopiar o imprimir las clases y tareas y emplear los GB de conectividad del abono del celular.

En este sentido, Mara detalló que «las fotocopias me salieron trescientos pesos, cada impresión cuesta 15 pesos, pero si se lo pone a transcribir del celular lleva tiempo y me consume los datos». En este último caso, suelen hacerse recargas de crédito para poder descargar el material de aprendizaje pertinente.


 

Tristeza, frustración y desánimo por las aulas vacías

El cierre de las aulas desencadenó un vacío de vínculos con sus pares por parte de los alumnos, que ellos mismos padecen y que se cristaliza en las sensaciones de tristeza, frustración y desánimo, las cuales se profundizan con los impedimentos de conexión y la incertidumbre propia de la situación sanitaria actual.

Por si fuera poco, una importante cantidad de ese 20% que concurre a las clases virtuales manifiesta vergüenza, producto de las penurias y los pesares de la crisis.


 

Al respecto, Federico remarcó que “hay alumnos que nos confiesan estar pasando malos momentos, tener cierta angustia, y la incertidumbre los pone mal, por eso algunos ingresan al Zoom sólo con sonido, porque no quieren mostrar sus rostros.

Un testimonio desgarrador e ilustrativo de los obstáculos que deben atravesar los alumnos de bajos recursos para no perder su año escolar, aunque, en los barrios populares, padres y docentes reconocen que ya está perdido.


 
La suspensión de clases por la pandemia de coronavirus implicó la modificación del ciclo lectivo (Hernán Nersesian/Crónica).

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