¿Educar sin gritos ni castigos? Estas son las claves para lograrlo

La disciplina positiva no está relacionada con la permisividad. Tampoco con educar sin límites, sino todo lo contrario. La disciplina positiva es un estilo de crianza que persigue que los hijos sepan afrontar con éxito sus desafíos vitales, sin violencia y desde el respeto. Entonces, ¿por qué provoca escepticismo en quienes se han criado desde otro paradigma?

“Hay que entender muy bien lo que es la disciplina positiva. Algunos padres confunden la disciplina positiva con la ausencia de normas o límites. En este caso, es peligrosa, ya que todos no podemos tener la misma posición en la familia”, advierte Silvia Álava, psicóloga educativa y coautora del libro Seis Cuentos para educar en disciplina positiva (Alfaguara, 2020).

Se trata de un sistema de principios en el que se explican las formas de actuar, se validan las emociones, pero esto no quiere decir que no existan normas o que no haya que darles un no por respuesta a los niños. “El objetivo de la educación es conseguir que nuestro hijo sea una persona responsable, autónoma, decidida, resiliente, respetuosa, tolerante y empática. Para ello, debemos ser modelo y mostrarnos de esta misma forma”, explica el psicólogo educativo Antonio Labanda.

Aquí comienzan una serie de malentendidos para los adultos que no llegan a gestionar de forma eficiente sus emociones o, incluso, no son conscientes de ciertos comportamientos que chocan con esta tipología de crianza que, por ejemplo, no contempla como fórmulas válidas los gritos, enfados o las luchas de poder. Por eso es importante conocer las claves fundamentales para que la disciplina positiva funcione.

Educar desde el respeto

“De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien primero tenemos que hacerlo sentir mal”, es una de las citas más famosas de Jane Nelsen, una de las impulsoras de la disciplina positiva. Nelsen comenzó a difundir en los 80 las ideas que los psiquiatras Alfred Adler y Rudolf Dreikurs concibieron hace un siglo. De forma esencial, este tipo de aprendizaje apoya a los niños en su crecimiento y les ayuda a encontrar soluciones a largo plazo que desarrollen la autodisciplina.

“Muchas familias creen que está basada en la exigencia, supongo que por el tono de la palabra disciplina. Otras piensan que porque hablamos de algo positivo, vamos a dejar que los niños crezcan sin límites. Pero la disciplina positiva es una metodología estructurada, basada en unos principios teóricos, cuyas herramientas prácticas han sido elaboradas y revisadas desde hace más de 30 años”, indica María Soto, experta en disciplina positiva y autora del libro Educa Bonito (Vergara, 2020).

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