Mayo de 1810. Preguntas y respuestas sobre la sociedad colonial en el Río de la Plata
6 minutos de lectura¿Cómo se vestían realmente en 1810?¿Las señoras usaban los «famosos» miriñaques y peinetones?
Es un mito que se ha mantenido a lo largo del tiempo y que no es tal. El miriñaque no se popularizó en Buenos Aires sino hasta varias décadas después. Socialmente se aplican los cambios instaurados en la Revolución Francesa de 1789. Uno de esos cambios fue el estilo de la vestimenta. Buenos Aires siempre fue permeable a la moda europea, con sus toques autóctonos y manteniendo aún una influencia española. Las telas se traían de Inglaterra, Francia, Bélgica, etc.
En la colonia año 1810, las damas de clase alta “decente”, adoptaron la sencillez de la Francia revolucionaria, con colores muy pálidos, marfil o blanco, el corte debajo del busto estilo imperio con grandes escotes y telas muy finas y transparentes como la muselina, (aún en invierno debajo de los vestidos solo tenían una enagua de la misma tela, de allí que la enfermedad mas común entre las señoras era “el mal de la muselina”, una especie de bronquitis fuerte.

Tampoco usaban peinetones, sólo la pequeña peineta española (tipo teja) caladas y talladas en carey. Para ir a misa, sobre la peineta se colocaban la mantilla española, el misal y el infaltable abanico. Los peinados estilo romanas, con pequeño rodete alto, rizos a los costados y todo adornado con perlas y collares. Los zapatos eran de tela, generalmente blancos o negros, ellas mismas los cosían y bordaban con mostacillas, luego los zapateros les colocaban las suelas, sin tacón.
¿Cómo se vestían los caballeros en 1810?
Los caballeros se vestían al estilo inglés combinaban chaqueta oscura, con ceñidos calzones cortos en blanco, natural o amarillo. Debajo medias de seda blancas. Las camisas con cuello “palomita” y yabot o pañuelo de seda, terminaban en mangas rematadas con puntillas. Era de gran elegancia llevar galera y bastón, los funcionarios del cabildo usaban pelucas blancas entalcadas, estilo francés.
¿Qué pasaba con los paraguas y los zapatos? Los paraguas eran muy pocos, solo algún que otro representante del cabildo lo poseía. Los zapatos se importaban de Europa y tenían grandes hebillas de bronce, eran muy costosos.
¿El mate se compartía?
-El mate se tomaba solo, no se compartía. La criada de la casa disponía de la pava e iba sirviendo el agua conforme lo requerían. El mate era más pequeño que el que usamos ahora y podía ser de plata, peltre, labrado o con patas.
-¿Había diferencia en los bailes y las danzas de acuerdo a las clases sociales?
-La clase alta no bailaba las danzas populares, folclóricas, como el cielito, pericón o la zamba. Cada sector social tenía sus lugares y estilos de bailes. La clase alta solía bailar danzas de salón como el minuet, contradanzas, vals, gavotas, passpied, reels o cuadrillés.
¿Qué eran las tertulias?
-Las tertulias eran las reuniones semanales de la clase alta, convocadas con una función cultural y servían de medida de prestigio de cada familia. Las más encumbradas recibían a las máximas autoridades y a ellas aspiraban a integrarse los que deseaban “pertenecer” al círculo de la elite. Para hacerlo, era necesario ser ya contertulio habitual o concurrir con quien ya lo era. Ninguno se atrevía a llevar consigo a personas que no se considerasen “adecuadas” por su rango o condición, en un protocolo no escrito”.
-También se realizaban saraos, reuniones en casas de familias de “vecinos”, que tenían como finalidad la diversión, con baile, música y conversación. Una diferencia entre saraos y tertulias estaba marcada en el rol participativo de la mujer. Mientras que en los saraos las mujeres animaban la fiesta con su canto, ejecutando algún instrumento y como parejas en el baile, en las tertulias era posible que el ama de casa, las demás integrantes femeninas de la familia y unas pocas amigas (llegadas acompañando a sus maridos) viviesen en su estrado condenadas a las “bagatelas”.

¿Qué se comía y bebía en las tertulias y saraos?
-Se tomaba mate, refrescos, y chocolate caliente, según la época. El vino se tomaba en el almuerzo (entre las doce y las 15 horas). El vino genérico era el carlón, y el listán, provenientes del Cuyo. El mate se tomaba en el desayuno y en la previa de la cena, entre las seis y las siete. Se hacían tostadas, dulces. Se comía frutas de estación, membrillos de Mendoza, arroz con leche, dulces varios, y había granizados con nieve endulzada.
-Entre los sabores dulces que adoraban todos sin distinción de clases social, estaba la natilla a base de leche, huevo y azúcar o miel, los alfeñiques o rosquitas de azúcar -pasta de azúcar cocida y estirada en barras muy delgadas y retorcidas- el arroz con leche, los bocaditos de papa, los pastelitos de membrillo, la mazamorra, los buñuelos, el dulce de leche, la miel, las frutas, los duraznos, que en Mendoza, los secaban convirtiéndolos en orejones, para disfrutarlos también en invierno”.

¿Cómo era la vida de las mujeres? ¿Qué reglas debían aceptar?
-Las hijas nunca se veían sino en compañía de las mamás o de alguna parienta o amiga casada. Las solteras no podían salir de paseo sino en compañía de casadas. Caminaban en fila, una detrás de otra. Saludaban con el cortés y elegante movimiento del abanico. La mamá iba siempre detrás. Si un amigo se encontraba con el pequeño grupo de familia, le era permitido sacarse el sombrero, dar vuelta, acompañar a la niña que más le gustase, y decirle todas las lindas cosas que se le ocurriesen; pero no había apretones de mano ni ofrecimiento del brazo. La matrona no se cuidaba de oír la conversación de la joven pareja; se contentaba con “ver” que no se produjese ninguna impropiedad práctica o indecorosa familiaridad. Lo mismo sucedía si se visitaba una casa. La madre se apresuraba a entrar en la sala y permanecía presente, con su hija, durante toda la visita.
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