21 de junio Día Internacional del Sol

En todo el planeta, pero sobre todo en el hemisferio norte, se celebra cada 21 de junio el Día Mundial del Sol, en una jornada en la que el “astro rey” se convierte en el centro de atención mundial para conmemorar el singular fenómeno natural que implica el cambio de estación y que se produce como consecuencia del solsticio de verano.

El ambiente festivo de la fecha, en la que se celebran actividades en muchas regiones del planeta, no sólo sirve para disfrutar de un día especial, sino que se aprovecha para conocer mejor el inmenso poder del Sol y su imprescindible energía lumínica y de calor de la que depende la vida en la Tierra.

En el verano los días son más largos y en los países en donde se dan las cuatro estaciones es motivo para la celebración de actos que evidencien la importancia que tiene el Sol. Esta es una forma de promocionar acciones que involucren la utilización de energías renovables para la protección y cuidado del planeta.

El Sol es la estrella más grande de nuestro Sistema Solar, aunque no del Universo. Gracias a este elemento clave, entre otros, en la Tierra hay vida y no solo eso, sino que podemos aprovechar la energía que nos ofrece de diversas formas.

Los rayos solares nos ofrecen luz y calor, lo que permite la vida básica de vegetales y animales pero también facilita grandes avances tecnológicos. Además, se trata de una energía renovable, pues es una fuente que no se agota.

Situado a unos 150 millones de kilómetros de la Tierra, por el Sol se rigen el tiempo, las corrientes oceánicas y el ciclo hidrológico. Del Sol dependen nuestro estado de ánimo, el desempeño de nuestra vida diaria, es una fuente de inspiración para la música, la fotografía y las artes en general.

Efecto Invernadero

Las mediciones satelitales que se han realizado en los últimos 30 años muestran que la producción de energía que emite el Sol no ha aumentado y que el reciente calentamiento de la Tierra no puede atribuirse a cambios en la actividad solar.

El aumento de las temperaturas, que provoca la fusión del hielo y el calentamiento de los océanos, se debe a los gases de efecto invernadero de larga duración en la atmósfera.

Como consecuencia, desde 1990 ha habido un incremento del 41% del forzamiento radiactivo total (que tiene un efecto de calentamiento del clima), provocado por dichos gases. En 2017 las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) alcanzaron las 405,5 partes por millón (ppm) y siguen aumentando.

El CO2 causó alrededor del 82 % del aumento del forzamiento radiactivo durante la pasada década. Si se mantiene la tendencia actual de las concentraciones de gases de efecto invernadero, es posible que las temperaturas aumenten entre 3 y 5 °C de aquí a finales del siglo XXI.

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