Por una ley de lengua de señas argentina
2 minutos de lecturaMirando hacia abajo desde la cumbre del tiempo transcurrido, recuerdo haber vivido en mi infancia un hecho que marcó mi destino y define mi presente. En un hecho fortuito un perro atacó y lastimó a mi perro. Ante mi desesperado reclamo la dueña del otro perro se percató que era un niño sordo, simplemente me ignoró y dio media vuelta para entrar a su casa, tal vez pensó que no era importante, subestimando el incidente. No contento con su reacción fui hasta la comisaría, en donde tuve mi primera experiencia al realizar una denuncia. Acudí a ellos porque tenía una imagen preconcebida de que los policías eran «los buenos», porque su labor era «proteger a los ciudadanos». Por un lado estaba yo con las manos manchadas con sangre, y enfrente estaban ellos, ambos sin saber como comunicarnos, ni siquiera hicimos un intento, hasta que uno de ellos extendió su mano para darme 2 pesos con la clara intención de que me vaya de ahí.
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