Eliminación del Femicidio del Código Penal: Un Retroceso en la Igualdad de Género en Argentina
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En una decisión que ha generado una ola de críticas y preocupación, el ministro de Justicia de Argentina, Mariano Cúneo Libarona, anunció la intención del gobierno de eliminar la figura del femicidio del Código Penal. Esta medida, según el ministro, busca promover la igualdad ante la ley, argumentando que «ninguna vida vale más que otra». Sin embargo, esta iniciativa ha sido interpretada por muchos como un retroceso significativo en la protección de los derechos de las mujeres y una negación de la violencia de género que persiste en la sociedad argentina.
Contexto y Argumentos del Gobierno
La figura del femicidio fue incorporada al Código Penal argentino en 2012 mediante la Ley 26.791, con el objetivo de reconocer y sancionar de manera más severa los homicidios cometidos por razones de género. Esta tipificación busca visibilizar la violencia extrema contra las mujeres y establecer penas más estrictas para quienes cometen estos crímenes.
El ministro Cúneo Libarona, alineado con el discurso del presidente Javier Milei, sostiene que la existencia de la figura del femicidio implica una distorsión del concepto de igualdad, creando privilegios legales para un sector de la población. En sus declaraciones, afirmó que «el feminismo es una distorsión del concepto de igualdad que únicamente busca privilegios poniendo a una mitad de la población en contra de la otra». Además, criticó a los movimientos feministas, acusándolos de «usar a la mujer para llenarse los bolsillos y desmedrar al hombre».
Reacciones y Críticas
La propuesta de eliminar la figura del femicidio ha sido recibida con fuertes críticas por parte de organizaciones de derechos humanos, colectivos feministas y amplios sectores de la sociedad civil. Amnistía Internacional Argentina, por ejemplo, ha señalado que «la ideología de género no existe» y ha defendido la necesidad de mantener y fortalecer las políticas públicas que abordan la violencia de género.
Según datos de organizaciones especializadas, en 2024 se registraron 255 femicidios en Argentina, lo que equivale a una mujer asesinada por razones de género cada 29 horas. Estos números evidencian la persistencia de la violencia machista y la necesidad de contar con herramientas legales específicas para su prevención y sanción.
La eliminación de la figura del femicidio del Código Penal podría interpretarse como un desconocimiento de la problemática de la violencia de género y un debilitamiento de las políticas destinadas a combatirla. Además, esta medida se enmarca en una serie de acciones del gobierno de Milei que han sido percibidas como regresivas en materia de derechos de las mujeres y diversidades, como el cierre del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, y la eliminación de programas de acompañamiento a víctimas de violencia de género.
Implicancias y Reflexiones
La figura del femicidio en el Código Penal no busca establecer que la vida de una mujer valga más que la de un hombre, sino reconocer la existencia de una violencia estructural y sistemática contra las mujeres que requiere una respuesta penal específica. Eliminar esta figura podría enviar un mensaje de desprotección y desinterés por parte del Estado hacia las víctimas de violencia de género.
Es fundamental que las políticas públicas y las reformas legales se orienten a garantizar la igualdad real y efectiva, reconociendo las desigualdades y violencias específicas que afectan a distintos grupos de la sociedad. La igualdad ante la ley no implica desconocer las diferencias y necesidades particulares, sino abordarlas de manera justa y equitativa.
En este sentido, resulta preocupante que, en lugar de fortalecer las herramientas legales y las políticas públicas para prevenir y sancionar la violencia de género, se promuevan iniciativas que podrían debilitar la protección de los derechos de las mujeres y retroceder en los avances logrados en materia de igualdad de género en Argentina.
La eliminación de la figura del femicidio del Código Penal representa un debate profundo sobre el tipo de sociedad que se desea construir y el compromiso del Estado con la erradicación de la violencia de género. Es imperativo que este debate se dé con una perspectiva de derechos humanos, escuchando a las víctimas, a los especialistas y a los colectivos que trabajan diariamente en la prevención y atención de la violencia machista.
En conclusión, más allá de las discusiones legales y conceptuales, es esencial recordar que detrás de cada femicidio hay una vida truncada, una familia destrozada y una sociedad que debe reflexionar sobre sus valores y prioridades. La justicia y la igualdad no se logran negando las realidades de la violencia de género, sino enfrentándolas con decisión y compromiso.
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