24/03/2026

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24 de marzo: Cuando Videla dijo que “los desaparecidos no están ni vivos ni muertos”, el horror tomó forma

5 minutos de lectura

A 49 años del golpe de Estado de 1976, sus palabras siguen helando la sangre. Jorge Rafael Videla no solo ordenó el exterminio: también quiso borrar a sus víctimas de la historia. Hoy, más que nunca, decir “Nunca Más” es un acto de justicia y memoria.

Una frase que duele como un disparo

No están ni vivos ni muertos. Están desaparecidos”. La frase fue pronunciada por Jorge Rafael Videla en 1979 ante un periodista extranjero. No fue una imprecisión, ni una evasiva: fue la construcción siniestra de una categoría jurídica para justificar el horror.

Ese concepto —los “desaparecidos”— no existía hasta entonces en el derecho argentino. Pero Videla, jefe de la dictadura militar que tomó el poder el 24 de marzo de 1976, lo instaló como parte de su doctrina de exterminio. No reconocer ni la vida ni la muerte de miles de personas era parte del plan sistemático de represión.

El dictador Jorge Rafael Videla

¿Qué significa estar desaparecido?

Ser desaparecido no era solo estar ausente. Era ser arrancado del mundo, sin juicio, sin registro, sin cuerpo, sin tumba. Era una forma de muerte administrada desde el Estado, donde el objetivo era borrar toda huella del crimen.

Detrás de esa frase había centros clandestinos, vuelos de la muerte, torturas, apropiaciones de bebés, listas negras, silencios forzados. Estar desaparecido no era un “estado incierto” como Videla pretendía, sino la confirmación de una maquinaria de terror que no se conformaba con matar: quería hacer desaparecer a la persona y al mismo tiempo su memoria.


El 24 de marzo y la maquinaria del horror

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas argentinas derrocaron al gobierno constitucional de Isabel Perón. Con el argumento de “terminar con la subversión”, Videla y la Junta Militar implementaron un plan de represión ilegal que violó todos los derechos humanos posibles.

El objetivo no era solo combatir a las organizaciones armadas, sino disciplinar a una sociedad entera, aplastar el pensamiento crítico, desmantelar los movimientos sociales, controlar los sindicatos, y eliminar toda forma de participación popular.

Durante su dictadura, al menos 30.000 personas fueron desaparecidas. La mayoría, militantes políticos, sindicalistas, estudiantes, artistas, docentes, trabajadores y trabajadoras. Jóvenes en su mayoría. Mujeres muchas veces embarazadas. Niños nacidos en cautiverio. El terror no tenía límites.

Videla y el cinismo de la desmemoria

Cuando Videla dijo que “los desaparecidos no están ni vivos ni muertos”, lo hizo con calma, sin temblar. Lo que en cualquier país sería una confesión criminal, él lo convirtió en argumento de Estado.

“No puedo decir dónde están porque no están”, agregó en aquella entrevista. Y explicó que, como no había certezas sobre su estado, no se podía informar nada a las familias.

Esa lógica perversa —“la negación como política”— fue parte del pacto de impunidad que la dictadura pretendía imponer. Era una forma de callar a las madres, a las abuelas, a los hermanos, a los hijos. De hacerles dudar incluso de su propia memoria.


La respuesta: las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo

Pero no pudieron. Porque frente al horror, surgió una de las gestas más admirables de la historia argentina y latinoamericana: la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Ellas convirtieron la pregunta por los desaparecidos en una bandera colectiva, en una interpelación constante, en una búsqueda sin descanso.

Con pañuelos blancos, recorrieron tribunales, ministerios, iglesias, embajadas. Hicieron del amor una forma de resistencia. Y con su persistencia lograron que el mundo hablara de los desaparecidos, cuando aquí todo era silencio.

Hoy, gracias a esa lucha, 136 nietos han recuperado su identidad. Y cada vez que aparece uno más, se vuelve a vencer el plan de Videla: el de borrar el pasado.

El rol de la educación, la memoria y la tecnología

En 2025, el compromiso con la memoria no es solo recordar las fechas. Es también defender la educación pública, la universidad, la ciencia y la cultura, porque fueron justamente esos espacios los que la dictadura buscó destruir.

La represión no fue solo con armas: fue también ideológica y simbólica. Persiguieron docentes, prohibieron libros, censuraron películas, destruyeron centros de estudiantes, aniquilaron la producción académica y científica.

Por eso, cada estudiante, cada investigador, cada periodista tiene hoy un rol central en la construcción de un presente con memoria. Y las nuevas herramientas digitales, desde archivos interactivos hasta apps educativas, permiten que nuevas generaciones accedan a la verdad con profundidad y sentido crítico.

Maestro Isauro Arancibia. Asesinado el 24 de Marzo de 1976. El primer asesinado de la Dictadura fue un maestro.

Nunca Más: una conquista que se defiende día a día

El Juicio a las Juntas en 1985 fue un hito mundial. La Argentina fue pionera en juzgar a sus genocidas en tribunales civiles, con todas las garantías. Y desde entonces, el proceso de justicia ha avanzado, con más de 1.100 condenas por delitos de lesa humanidad.

Pero esa conquista no está asegurada. Siempre hay sectores que intentan relativizar el genocidio, cuestionar el número de desaparecidos o reinstalar el discurso del “por algo habrá sido”. Incluso hoy, algunos funcionarios públicos y comunicadores reproducen esos mensajes, disfrazados de “libertad de expresión”.

Por eso, el 24 de marzo no es una efeméride más. Es una trinchera ética. Un día para gritar que no hay democracia sin memoria, sin verdad y sin justicia.

«La única lucha que se pierde es la que se abandona»

Los desaparecidos viven en cada lucha colectiva

Videla creyó que podía borrar personas. Que con una frase cínica podía justificar miles de crímenes. Pero falló. Porque los desaparecidos viven en cada marcha, en cada escuela pública, en cada centro de salud comunitario, en cada biblioteca popular, en cada nieto recuperado.

Hoy, a 49 años del golpe, no basta con recordar. Hay que actuar. Porque los discursos del odio, del negacionismo, de la crueldad siguen presentes. Porque no hay libertad real si se niegan los crímenes del pasado. Y porque la memoria no es venganza: es justicia y futuro.


¿Querés sumar tu voz al Nunca Más? Compartí esta nota, participá de las actividades del 24 de marzo y defendé la democracia desde donde estés. Porque sin memoria no hay futuro.



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