«1 de mayo 2025: dos trabajos y 17 horas diarias para sobrevivir en la Argentina libertaria»
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Mientras el mundo celebra el Día Internacional de las y los Trabajadores, en Argentina el festejo se vive con un sabor amargo. Las estadísticas oficiales y las historias cotidianas reflejan un fenómeno cada vez más extendido y preocupante: para llegar a fin de mes, millones de personas tienen más de un trabajo. El pluriempleo ya no es un recurso temporal, se ha convertido en una obligación. Y detrás de esa obligación se esconden cifras alarmantes, desgaste físico y emocional, y un profundo impacto social.
El pluriempleo, una necesidad para sobrevivir
Según los datos más recientes del mercado laboral, el pluriempleo en Argentina alcanzó un récord histórico en 2025. Más de 3 millones de personas tienen al menos dos empleos formales o informales. El motivo es evidente: el salario de un solo trabajo ya no alcanza para cubrir los gastos básicos.
Los indicadores oficiales muestran que en promedio, quienes tienen más de un empleo trabajan alrededor de 84 horas semanales. Esto se traduce en jornadas diarias de hasta 16 o 17 horas. La imagen se repite: hombres y mujeres que completan un turno completo en un trabajo, y al salir corren hacia otro para completar las horas que les permitan subsistir.
La situación es tan grave que, según datos del propio Ministerio de Trabajo, desde 2023 a esta parte el porcentaje de pluriempleados que supera las 12 horas diarias no para de crecer. Lo que antes era un fenómeno marginal hoy es parte de la vida de millones.

Los límites del cuerpo y la mente
Trabajar tanto tiene consecuencias. La Organización Mundial de la Salud advierte que superar las 55 horas semanales incrementa en un 30% el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. En Argentina, gran parte de los pluriempleados superan esa cifra holgadamente.
El impacto sobre la salud mental es igual o más preocupante. El estrés crónico, la ansiedad, la depresión y los trastornos del sueño son parte del día a día de quienes encadenan trabajos sin descanso real. A esto se suma la falta de tiempo para el ocio, la familia y la vida social. Trabajar para vivir se convirtió, en muchos casos, en vivir para trabajar.
En las historias personales, este drama se traduce en escenas cotidianas: madres que no ven a sus hijos despiertos, jóvenes que abandonan sus estudios por no poder compatibilizarlos con dos empleos, adultos que se alimentan mal o duermen apenas unas horas por día.
La desigualdad se profundiza
El impacto del pluriempleo no es igual para todos. Las mujeres son las más afectadas. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (INDEC, 2023), las mujeres argentinas dedican en promedio 6 horas y 31 minutos diarios al trabajo no remunerado, como tareas domésticas o cuidado de personas. Esto implica que las mujeres que tienen dos empleos formales suman esas horas a sus trabajos pagos, llegando en muchos casos a superar las 17 o 18 horas diarias de trabajo.
En los hogares de menores ingresos, la realidad es aún más cruda. Las mujeres de sectores populares, además de sostener dos empleos precarios, son responsables casi exclusivas de las tareas de cuidado. El resultado es una sobrecarga física y emocional que pocas veces se visibiliza.

El riesgo de naturalizar la precarización
La ley laboral argentina establece que la jornada legal no debe superar las 48 horas semanales. Sin embargo, el pluriempleo hace que miles de trabajadores superen ampliamente ese límite sin que exista regulación que los proteja.
El pluriempleo se ha naturalizado. Para muchas personas tener dos trabajos ya no es una excepción sino la regla. Esto no solo representa un retroceso en materia de derechos laborales, sino que abre la puerta a formas de precarización cada vez más extendidas.
Además, desde el punto de vista económico, el pluriempleo no es una solución. Si bien permite llegar a fin de mes en un contexto inflacionario, reproduce un círculo vicioso en el que los salarios bajos y la pérdida de poder adquisitivo obligan a trabajar más, mientras las condiciones de vida empeoran.
La urgencia de repensar el trabajo
En este 1 de mayo, la pregunta es obligada. ¿Es posible construir un país en el que vivir dignamente no implique trabajar 17 horas por día? La respuesta no es sencilla, pero el desafío es impostergable.
Los expertos en relaciones laborales coinciden en que la solución no pasa solo por prohibir el pluriempleo. Lo urgente es garantizar empleos de calidad, con salarios suficientes para cubrir las necesidades básicas. También es necesario avanzar en políticas que distribuyan de manera más equitativa el trabajo no remunerado, que hoy recae casi exclusivamente sobre las mujeres.
Al mismo tiempo, resulta indispensable poner en agenda pública el debate sobre la reducción de la jornada laboral. Diversos países han demostrado que es posible trabajar menos horas sin que caiga la productividad. En Argentina, esa discusión sigue pendiente.

Estamos volviendo a la época de «los mártires de Chicago»
Este 1 de mayo de 2025 no es uno más. Es el reflejo de una época en la que trabajar se ha vuelto sinónimo de sobrevivir. Detrás de cada persona con dos o tres trabajos hay historias de agotamiento, frustración y sueños postergados.
En un país que se precia de su tradición de lucha obrera, es hora de encender nuevamente las alarmas. Trabajar no debería ser una condena. El desafío para la sociedad argentina es que, más temprano que tarde, volver a casa a tiempo para cenar con la familia o dormir ocho horas seguidas deje de ser un privilegio para convertirse en un derecho.
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