Los fracasos de Larreta derrumban el mito del administrador eficaz

Durante su primer período como jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta se ocupó de construir una imagen de buen administrador municipal. Obsesionado por romper y reconstruir veredas, desde 2015 multiplicó los valores del ABL y del boleto del SUBTE, mientras desde la Nación Mauricio Macri le transfería fondos extraordinarios y terrenos para hacer negocios inmobiliarios.

El estallido de la pandemia en la Ciudad puso al desnudo su tercer fracaso como gestor estatal y los millones que invierte en pauta para blindar su figura de a poco van perdiendo efectividad.

La multiplicación de contagios evitables en los sectores más pobres de la Ciudad expuso la falta de servicios básicos, la ausencia de gestión sanitaria y de infraestructura y la desaparición de los créditos en dólares que tomó para obras que nunca se hicieron, como las redes de cloacas y agua potable en barrios postergados como el Carlos Mugica de Retiro.

Cuando fue interventor del PAMI, se negó a pagarle casi 200 facturas a la fundación creada René Favaloro.

Muy pronto quedó claro que el desamparo de su gestión también castiga a los sectores medios de la Ciudad que se vieron afectados por la falta de políticas públicas y condenados a elegir entre exponerse a la enfermedad o dejar de llevar el pan a la mesa.

El problema de los fracasos repetidos a lo largo de la carrera política de Rodríguez Larreta es que repercuten fatalmente en la sociedad. Su rol como Interventor del PAMI durante el primer año de gobierno de Fernando de la Rúa siempre será recordado por las casi 200 facturas que se negó a pagarle a la Fundación creada por René Favaloro por servicios médicos prestados a la obra social. “Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento, como decía Don Ata”, escribió el célebre cardiocirujano antes de quitarse la vida.

Meses después de aquel disparo al corazón, Larreta se despidió del cargo con su propia carta en la que expresó, o tal vez confesó: “La misión está cumplida”. Después de pasar por la gestión de Carlos Ruckauf en la Provincia, volvió a la gestión nacional para acompañar desde la DGI el derrumbe de Fernando de la Rúa.

Participó de la mesa chica del gobierno macrista que endeudó al país y llevó a la pobreza a millones de personas.

Su habilidad para recitar de memoria la ubicación de baches y veredas rotas le sirvió para mostrarse como un austero vecinalista mientras consagraba su siguiente gran fracaso: la participación en la Mesa Chica de Cambiemos, acompañando con María Eugenia Vidal y Marcos Peña a Mauricio Macri en la toma de decisiones trascendentales que llevaron al país a su mayor endeudamiento, al desmantelamiento del Estado y a la caída de millones de personas en la pobreza y la indigencia.

Su último traspié es la pésima gestión de la pandemia en la Ciudad, donde su decisión de dar vía libre a la lógica de la inmunidad del rebaño está destinada a proteger solamente a los sectores más favorecidos.

Se estima que más de 25 mil negocios cerrarán sus puertas como consecuencia de la pandemia en el distrito más rico de la Argentina. En este contexto, cabe preguntarse ¿qué hizo Larreta por los pequeños comerciantes, los bares y restaurantes, los taxistas, los monotributistas, los trabajadores de las cooperativas y los sectores que dependen de la economía informal?

Con la pandemia apostó a la lógica de inmunidad del rebaño, protegiendo – como hizo siempre – a los más favorecidos.

No hizo nada. Simplemente, dejó a todos esos sectores librados a la disyuntiva de tener que elegir entre exponerse a la propagación del virus y llevar la heladera. Mientras el Gobierno nacional asiste a las y los porteños con moratorias y programas como el Ingreso Familiar de Emergencia y la Asistencia al Trabajo y la Producción, la gestión local, sentada sobre un presupuesto millonario, no hace ningún esfuerzo para devolver lo que los trabajadores formales e informales pagan de su bolsillo en concepto de impuestos.

Es imprescindible que el GCBA auxilie a quienes no pueden abrir sus negocios e implemente inmediatamente un IFE, un ATP y una moratoria para los porteños, complementarios de los que otorga la Nación.

La pandemia tiene que marcar un quiebre en la lógica de quienes gestionan la capital nacional reduciendo de manera constante y sostenida los presupuestos de Salud, Educación y Vivienda.

Hoy el peligro de contagiarse es mayor en la Ciudad que en el resto del país. No es casualidad. Es la consecuencia del tercer fracaso de Horacio Rodríguez Larreta, el que viene a derrumbar el mito, o la mentira blindada que pretende mostrarlo como un administrador eficaz.

*Secretario General CTA Ciudad 

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