Coronavirus: la escuela en cuarentena

Estudiantes, docentes, madres y padres en aislamiento.
La buena voluntad de todos los implicados no impide que lleguen a una conclusión unánime: nada reemplaza el contacto en el aula.

El aula no existe, la educación está en casa. En casas con mejores, peores o nulas posibilidades de conexión. A las que se envían emails, whatsapps o invitaciones a acceder a plataformas virtuales para afrontar a la distancia lo que ya no se puede cara a cara. Las quejas se escuchan por todos lados. Docentes agotadas, corrigiendo fotos borroneadas o recibiendo mensajes a las doce de la noche para resolver dudas. Adolescentes agobiados por tanta tarea dificultada por la falta de vínculo con docentes. Padres, madres que además de teletrabajar, tienen que hacer de docentes en casa. Sin desmerecer los esfuerzos de instituciones, docentes, padres, madres y niñes, por afrontar la situación de emergencia, este nuevo panorama educativo está estallado por todos lados. Y mientras algunos pretenden hacer como que nada pasa, están quienes piden un poco de reflexión para pensar de qué manera la escuela puede acompañar este momento.

Martin tiene diez años. Va a quinto grado “b”, aclara, en una escuela pública de doble jornada en Villa del Parque. Va es una forma de decir, claro. Ahora se conecta todos los días a la aplicación que la mandaron desde el colegio: Edmodo. Lo hace “un rato largo a la mañana y otro rato no muy largo” a la tarde. Les mandan tarea por ahí y trata de estar activo porque, cuenta, “si estás activo en la aplicación la vas haciendo y te vas sacando un montón de cosas de encima. Tengo todas las materias y a la tarde inglés, tecnología y teatro”.

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–¿Como te sentís con esto?

–No me gusta mucho, preferiría estar en la escuela. Porque hablar por una computadora me parece medio extraño y más aburrido.

Martín sintetiza la sensación de una parte importante de los y las estudiantes. La extrañeza y las pocas ganas que se generan en esta nueva y rara manera de “ir a la escuela”.

A Ulises, de doce años, le pasa algo parecido. Este año empezó primer año en una escuela pública de Once. Tuvo cuatro días de clases y luego el mundo cambió. “Es una cagada, definitivamente”, dice. Quiere ir a la escuela, tanto que lo dice cada día y le mandó un mensaje por Twitter al presidente rogándole que las abra. “Mandan mucha tarea y todavía no estuvimos ni en la escuela casi, nada, entonces, me cuesta”, dice. Recibe consignas por email, blog y classroom. Además, los mismos profes fueron cambiando de modalidad con el transcurso de los días y la extensión de la cuarentena.

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