La importancia de nombrar el travesticidio

El viernes 2 de octubre, la Cámara Nacional de Casación eliminó la calificación de “odio a la identidad de género” en el travesticidio de Diana Sacayán, lo que constituye un retroceso y una la falta de perspectiva de género que atraviesa al sistema judicial argentino y pone de relieve la necesidad de avanzar con transformaciones urgentes.

Para comprender la sentencia de la Cámara de Casación, debemos dividirla en dos partes. Por un lado, confirmó la sentencia de 2018 casi en su totalidad, afirmando la responsabilidad penal y autoría de David Marino en la muerte de Diana Sacayán. En ese sentido sostuvo el agravante de “violencia de género” y calificó el hecho como homicidio calificado (art. 80 inc. 11 del Código Penal). Pero por el otro lado, eliminó el agravante “por odio a la identidad de género” (art. 80 inc. 4 del Código Penal). En otras palabras, el tribunal negó que el caso se tratara de un travesticidio. La utilización de ese agravante era lo que permitía, precisamente, calificar jurídicamente el hecho como un travesticidio, y es lo que había vuelto histórica a esa sentencia, un “caso líder” y un ejemplo de buenas prácticas en la justicia.

Diana Sacayan

 

¿Cómo justifica este tribunal la negación del término de travesticidio? Retomemos primero el fallo original del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 4. En esa primera instancia, dos de los tres votos habían calificado el hecho como un travesticidio. Los jueces Calvete y Báez fundaron su razonamiento en la forma específica en que se produjo el asesinato. Los signos de violencia en el cuerpo de Diana mostraban numerosas heridas de arma blanca, en lugares no casuales: el rostro, los glúteos, el pecho. Había una clara correlación entre las zonas atacadas y la identidad como femineidad travesti de Diana.

Los jueces agregaron también que el agresor conocía no sólo su identidad de género sino “su notoria militancia”. Asimismo, señalaron las violencias estructurales que sufre el colectivo travesti-trans y, particularmente, su reducida expectativa de vida: Diana tampoco pudo sobrevivir más allá de los cuarenta años de edad, producto precisamente del asesinato que debían juzgar. En consecuencia, no sólo califican el delito con el agravante “por odio a la identidad de género” (art. 80 inc. 4 del Código Penal), sino que utilizaron expresamente el término travesticidio, siendo la primera vez en nuestro país que se utilizaba dicho concepto para tipificar los homicidios calificados por odio a la identidad travesti.

La semana pasada, la Cámara de Casación decidió eliminar esa calificación. Sin embargo, casi no elaboró ninguna argumentación propia y se limitó a realizar citas textuales del voto en minoría de Bloch, la jueza del Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 que había votado -en forma solitaria- en contra del uso de dicha calificación. En definitiva, lo que señaló el tribunal de casación es que no encontraron “signos de odio” en el hecho.

Paradójicamente, les jueces indicaron que la magnitud de la violencia no era suficiente para calificar el crimen como “de odio”. Así, argumentaron que el cuerpo de Diana tenía 13 puñaladas porque se defendió, y que si no lo hubiera hecho, éstas hubieran sido menos. En esa línea de argumentación, el voto minoritario de Bloch había sostenido que las lesiones en partes íntimas eran “lesiones chicas sin importancia” o “pequeñas heridas”, en comparación con la gravedad que esas heridas muestran en otros crímenes de odio.

Al descartar el cuerpo como principal prueba del travesticidio, la Cámara se limitó luego a analizar otros indicios que pudieran acreditar el trans-odio de David Marino.

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Autores: Lucía Pizzi y Alan Swiszcz

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