Lo seguiremos sosteniendo: los desaparecidos son 30.000 y la memoria no se negocia
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Cuando la verdad incomoda, la memoria se vuelve resistencia
«Son menos», «el número no es real», «sigamos adelante». Frases que se repiten cada vez que el 24 de marzo vuelve a llenar las calles de Argentina con la certeza de que los desaparecidos son 30.000. No es una consigna, es memoria. No es un número al azar, es la prueba de un genocidio de Estado que intentan minimizar, borrar o distorsionar.
Desde hace años, sectores del negacionismo han intentado reescribir la historia, relativizar los crímenes de la última dictadura militar (1976-1983) y sembrar dudas sobre la magnitud del horror. Sin embargo, la sociedad argentina ha construido una memoria colectiva que no está en discusión ni en venta. Porque cuando las voces del pasado intentan ser silenciadas, la resistencia se convierte en una obligación.
A 49 años del golpe de Estado, reafirmamos: los desaparecidos son 30.000 y la lucha por Memoria, Verdad y Justicia no tiene fecha de vencimiento.

Negacionismo y ataques a la memoria: el peligro de reescribir la historia
No es casual que en los últimos años haya crecido un discurso negacionista que pone en duda el número de desaparecidos. Detrás de esta estrategia hay una intención política clara: debilitar las políticas de derechos humanos y legitimar la impunidad.
Los intentos por relativizar la dictadura no son nuevos, pero han encontrado eco en ciertos sectores del poder, desde funcionarios que abiertamente sostienen que «no fueron 30.000» hasta discursos mediáticos que buscan instalar la teoría de los «dos demonios». El objetivo es claro: desdibujar el terrorismo de Estado y borrar la responsabilidad de los genocidas.
Lo que no dicen los negacionistas es que el número de 30.000 desaparecidos no fue inventado, sino construido a partir de testimonios, denuncias y reconstrucciones históricas. Durante los años de plomo, las familias de las víctimas denunciaban desapariciones ante organismos internacionales mientras en Argentina reinaba el silencio impuesto por el terror.
Aún hoy, el Estado argentino sigue investigando y los organismos de derechos humanos continúan exigiendo justicia. Cada juicio, cada condena y cada nieto recuperado es una prueba irrefutable de que la dictadura no solo mató, sino que también quiso borrar la identidad de toda una generación.

La importancia de sostener la memoria: ¿por qué seguimos marchando?
Cada 24 de marzo, miles de personas en Argentina se movilizan bajo una consigna clara: «Nunca Más». No es solo un acto de conmemoración, sino una reafirmación de que la memoria es una herramienta de resistencia.
¿Por qué es clave seguir marchando?
✅ Porque la impunidad no es una opción: Si algo nos enseñó la historia es que el olvido no es justicia. Los juicios por crímenes de lesa humanidad continúan y es fundamental sostener la presión social para que la justicia avance.
✅ Porque los discursos de odio están más presentes que nunca: En tiempos donde sectores de ultraderecha buscan instalar la intolerancia como bandera, es esencial recordar lo que pasó cuando el odio se convirtió en política de Estado.
✅ Porque la memoria es construcción colectiva: No es solo recordar el pasado, sino entender el presente. La dictadura dejó una deuda social que aún hoy se siente en la pobreza, la desigualdad y la violencia institucional.
✅ Porque aún hay nietos por recuperar: A la fecha, Abuelas de Plaza de Mayo ha logrado restituir la identidad de más de 130 nietos apropiados, pero aún quedan cientos de jóvenes que desconocen su verdadera historia.

30.000 no es un número, es la historia de un país
Cada desaparecido tiene un nombre, una historia, una vida truncada. No fueron un «exceso» ni «víctimas colaterales». Fueron secuestrados, torturados y asesinados por un Estado que diseñó un plan sistemático de exterminio.
Si fueran menos de 30.000, ¿sería menos grave? ¿Sería justificable? Esa es la trampa del negacionismo: reducir la memoria a una discusión matemática para evitar la responsabilidad política y social del terrorismo de Estado.
Las cifras oficiales de la dictadura nunca fueron publicadas, precisamente porque los genocidas se encargaron de hacer desaparecer los cuerpos y borrar toda evidencia. Sin embargo, los testimonios de sobrevivientes, las denuncias de familiares y la documentación desclasificada en los últimos años refuerzan que el número de desaparecidos supera ampliamente los registros formales.
Decir «30.000» no es solo sostener una cifra, es mantener viva la memoria de quienes quisieron desaparecer.

El rol de las nuevas generaciones: el desafío de no olvidar
Uno de los grandes logros de los organismos de derechos humanos en Argentina fue convertir la memoria en un compromiso intergeneracional. A casi 50 años del golpe, jóvenes que no vivieron la dictadura son protagonistas de la lucha por la memoria.
Pero esta transmisión no es automática. La ultraderecha y los sectores negacionistas apuestan al desgaste del relato histórico, a la desinformación en redes y a la despolitización de la memoria.
Para evitarlo, es clave:
📢 Educar con perspectiva de derechos humanos: La enseñanza sobre la dictadura no puede ser opcional. Es una responsabilidad del Estado garantizar que las nuevas generaciones comprendan el impacto de esos años en la sociedad actual.
📢 Combatir la desinformación: Internet y las redes sociales han sido terreno fértil para la propagación de teorías negacionistas. Es vital contrastar información, exigir rigor histórico y responder con datos verificables.
📢 Reforzar el compromiso político y social: La memoria no es neutral. Recordar lo que pasó es un acto político que define el presente y el futuro. La participación activa en espacios de militancia, organismos de derechos humanos y colectivos sociales es fundamental para sostener esta lucha.

La memoria no se negocia, se defiende
El 24 de marzo no es solo un feriado. Es una jornada de lucha que nos recuerda que la democracia no se regala, se construye y se defiende todos los días. La historia ya nos mostró lo que sucede cuando el odio, la intolerancia y el autoritarismo toman el poder.
Los desaparecidos son 30.000. No porque sea una cifra exacta, sino porque es la representación de un genocidio que intentaron borrar, pero que sigue vivo en nuestra memoria y en nuestras calles.
Este 24 de marzo, salimos nuevamente a marchar, a recordar, a resistir. Porque el olvido no es una opción y la memoria es el único camino para garantizar que el «Nunca Más» sea realmente para siempre.
📢 ¿Cómo vivís el 24 de marzo? Contanos en los comentarios y compartí este artículo para que la memoria siga viva.

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