20 de Junio – Una experiencia inolvidable

Por diferentes motivos, los que tenemos la profesión de enseñar transcurrimos la vida docente pasando por diferentes escuelas. En todas ponemos el alma con el mismo amor y de todas nos llevamos cariño, vivencias y recuerdos.

Esto que voy a contar tiene que ver con mi paso por la Escuela Alvarez Thomas en la Ciudad de Buenos Aires, una escuela que quiero entrañablemente y que me ha permitido conocer personas maravillosas que viven la docencia con incansable pasión y entusiasmo.

“El Alva” como le dicen en el barrio, tiene por tradición que los chicos y chicas de cuarto grado, en el que yo me encontraba, “prometan la bandera” en la ciudad de Rosario, más precisamente en el Monumento a la Bandera.
Es una experiencia fantástica que tanto los alumnos como sus familias esperan con ansiedad, es más el año anterior ya hay expectativa por el viaje.

La salida se programa con mucha anticipación casi desde principios de año y es que hay muchas cosas para organizar y coordinar, es un trabajo arduo en el que participan la conducción y los docentes. Tengamos en cuenta que son más de 100 los alumnos y alumnas que año tras año prometen en la Escuela 4 lealtad a la Bandera Nacional.

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Y como sucede en estos casos, parece que el tiempo pasa “volando” y de pronto… llega el día tan esperado.
Nos juntamos en la escuela, en pleno barrio de Villa Pueyrredón, a las 4 de la mañana, con la intención de salir a las 5. Se controla uno por uno que estén todos los chicos y si algún niño o niña falta se llama a la casa, recién ahí cuando están todos arrancan los tres micros rumbo a Rosario. Hay también un micro para padres y una caravana de autos que acompañarán toda la jornada.

El viaje transcurre con toda la algarabía que se puedan imaginar: gritos, música, canciones, “cantitos tipo cancha”, conversaciones interminables, algunos por supuesto duermen de lo lindo. Mientras los maestros de grado y los profes de Música y Educación Física acompañan con juegos y viendo que todos estén bien y como corresponde… mateando sin cesar.
Pasadas las dos horas de viaje, los micros se detienen en un parador previamente contratado. Es hora de desayunar, todos bajan a disfrutar de un rico café con leche con medialunas. Los chicos y chicas del Alva “copan” el parador ante la mirada sorprendida de las personas que casualmente estaban allí. Luego a “estirar las piernas” un poco y a seguir con el viaje, sin pausa, hasta destino.

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Llegar a Rosario, ver la majestuosidad del río Paraná y acercarse al Monumento a la Bandera conforman un momento sublime. Todos estamos nerviosos, tanto los niños como los adultos sentimos la importancia del acontecimiento que se avecina mientras un viento suave y fresco que viene desde la ribera nos acompaña.
Bajamos de los micros y tanto los chicos como los maestros nos colocamos el guardapolvo, que teníamos guardado para que no se arrugue. Hay padres que se acercan para “emprolijar” a sus hijos. ¡No se olviden de nada! grita alguien, mientras los profes de Educación Física desenrollan una bandera argentina de casi 20 metros que oficiará de único decorado de tan espectacular escenario. Entre tanto los profes de música, están alistando micrófonos y parlantes para la ceremonia que en un rato va a comenzar.

Los niños y niñas ya están listos, formados en ocho hileras en el centro del monumento, mirando hacia las escalinatas, los docentes preparados, alrededor cientos de espectadores emocionados: padres, madres, abuelos, alguna tía, hermanos y hermanas de los alumnos. Todos contemplan con atención y en absoluto y respetuoso silencio. Los guardapolvos blancos están impecables, pienso ahora que más de uno estaría almidonado como en las viejas épocas. Todos con sus escarapelas relucientes celestes y blancas, reflejando el sol que ese día también nos quiso acompañar.
Después y en una organización impecable los alumnos van subiendo uno tras otro a la escalinata del monumento, desplegándose allí y quedando de cara a los familiares que los miran expectantes.

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La Directora de la Escuela saluda a todos y todas dando la bienvenida, entra en escena la Bandera de Ceremonia y enseguida suena la música del Himno Nacional Argentino, que estoy seguro ese día los que estábamos allí cantamos más fuerte que nunca. Pero no solo se entonó el himno con la voz, los chicos y chicas de cuarto grado se expresaron con su voz y con sus manos, porque habían preparado durante meses y bajo la supervisión de la Sta. Silvia una versión del Himno Nacional en Lengua de Señas.

Luego me correspondió a mí decir el discurso. Me temblaban las manos, podía sentir la responsabilidad del momento. Es que era una situación única que esos niños y sus familias iban a recordar por siempre. Hablé como pude, la voz entrecortada de emoción y las palabras que me brotaron del corazón definieron la escena.
Luego llegó el momento tan esperado: las palabras de la Directora y la respuesta de los alumnos y alumnas al unísono: “¡Sí, prometo!” y mientras algunas palomas blancas sobrevolaron por encima nuestro los aplausos resonaron con un eco interminable en el Monumento a la Bandera.

La emoción era inmensa y el sentimiento de Patria nos desbordaba a todos. Allí en ese momento, a los pies de la Bandera Argentina, éramos nosotros los herederos de Belgrano, de San Martín, de Juana Azurduy y de todas y todos los caudillos que lucharon por nuestra libertad, con la certeza que desde la Escuela Pública refundamos cada día los valores más trascendentes de nuestra argentinidad.

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Luego los saludos, los abrazos, las felicitaciones. Los padres y las madres estrechan a sus chicos y chicas y todos sonríen contentos y más relajados. Yo abrazo a mis compañeras y lloramos de alegría, mientras el tibio sol del mediodía se eleva sobre Rosario.
Allí cerca del Río Paraná pudimos sentir en nuestros corazones toda la felicidad de vivir una jornada única.

Edgardo Dante Gambaccini
Maestro de Grado

Este artículo se encuentra publicado en la Revista_Manuel_Belgrano_2020

editada por la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) con motivo del Año Belgraniano

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